domingo, 10 de febrero de 2008

LA GRACIA DE SER TU AMIGO.

Recuerdo mis pies llenos de lodo y mojados hasta la bota de mi pantalón, cuando salta mi pensamiento al recuento de la travesía que me envolvía de alegría, de paz y armonía.
¡Abuela ahí viene el primo chimo! viene radiante y sonrojado como si un montón de amores lo prendieran; Viene saltando entre las piedras como aquel que juega a las zancadillas evitando privarse de su gran alegría.
¿Cómo estás primo Chimo? me preguntaste tú prima María, te noté un cálido tono en aquella pregunta que dejó ver tu deseo de ser amada, contestada y embellecida ¡te regalo esta rosa! fue mi respuesta y la coloqué en tu negra cabellera ¡gracias primo Chimo ahora me veo más hermosa! no mi cara prima tú eres hermosa desde antes y para siempre por ser la pupila de nuestro Padre Dios.
¿Cómo están los abuelos María? te he podido preguntar, tengo el alma comprimida y la emoción enfurecida por estrechar entre mis brazos a esos dos viejos que tanto quiero.
El abuelo, jugando siglo, con todos aquellos sus amigos que con sus risas y pesadas bromas levantan el ánimo para seguir creyendo en la vida.
La Abuela, una vez me escuchó gritar, hay viene el primo Chimo, ha dejado relucir dos gotas cristalinas que se asomaban y recorrían todas sus mejillas hasta llegar a sus dulces labios que solo se abrieron para expresar la más hermosa oración que había escuchado en toda mi vida “Gracias Señor por la alegría de saber que siempre acompañas tu creación”
y una vez, abrazando su corazón, recobró fuerzas para tener piernas de gacela y me dijo esto a manera de canción: “voy a colocar el fuego en el fogón, y subiendo el caldero tíznao en su calor, doraré las postas de pescao de mi Chimon”
¡Ah! debe ser que ya se acerca también la palenquera alegre y sonriente que se hace amiga cada vez, proponiendo sus pilitas de yuca de buena harina y la variedad de pescados salados que encantan aquí al señor.
Pero vamos no perdamos más el tiempo, vayamos al encuentro de aquellos dos viejos que como yo, anhelan escuchar tu narración.
Cuéntanos Chimo:
Paseando por todas las tradiciones del mundo, empezando por mi país Colombia, el Salvador, Perú, Venezuela, Puerto Rico y Guatemala, ahondando también en la Europa como lo es España, Italia, Malta y Rumanía, llegando a África, Asia y Oceanía, descubrí las costumbres que enamoran el alma; dentro de ellas descubrí el calor de la humanidad que compagina con la magia de los colores que envuelven todo un mundo de alegría.
Descubrí las danzas que se enraízan y se ahondan en las historias de todos aquellos que bailan con la alegría y el compás de la vida, moviendo cada uno de sus cuerpos al son de la atmósfera y la calidez de la fantasía... ¡Oh! y que decir de la sonrisa grabada en la cara de sus abuelos, que cada vez que miran a sus retoños primaverales, se alzan con el afán de la mañana para hacerles sentir el amor, la comprensión y la candidez de su pasión, por tener seres que dan sentido después de Dios, a sus más íntimos corazones enamorados de la vida.
Pero lo mas importante que descubrí en todas aquellas culturas: Abuelos, amigos, fue aquella fuerza que sentiste tú María, al verme llegar y gritar a los cuatro vientos ¡Hay llega el primo Chimo! la potencia y la sabiduría de aquellos abrazos que se entrelazan con la intimidad de la vida y la pasión, de querer compartir las experiencias que a diario ocurren en nuestra historia, y que más que palabras efímeras y sin sentido al estrechar tu cuerpo junto al otro en compás de un dulce abrazo, le susurras al oído,
Gracias, gracias por la dicha de ser mi amigo.

La amistad, esta es el gran descubrimiento que enamora el alma y que se eleva como pizcas de perfume por los cielos buscando y encontrando seres mortales que se dejen contaminar para elevarlos hasta lo mas grande de la cima que es el amor....


1 comentario:

Sil dijo...

Solo me quedé nuevamente sin palabras, noté una emoción que las lágrimas me volvieron a rodar por la cara. Emoción de ese abrazo, de esas palabras, de tu relato.
¿Que puedo decir?. Sigo conociendo a mi amigo del alma y en esa amistad al amor inmenso de Dios