domingo, 2 de marzo de 2008

A TI, EL MAS INOCENTE


Todavía nacen las flores a montones en los jardines materiales,

todavía corre agua en los manantiales puros que habitan en los bosques, aun pega la brisa cálida y a veces fría sobre los rostros de los hombres y aun vuelan las gaviotas azules sobre el alma de los niños.

Es increíble ver como nacen las olas del inmenso mar y más sorprendente aún como brota la vida de un útero maternal.

Me asombro con la fábrica de miel de abejas amarillas y negras que zumban en el aire, y me alegro con el arco de colores que visita los cielos en tiempos de lluvia.

Se que te maravillas con el beso que enamora, y también late tu corazón con la mirada tierna de una madre, de un amigo, de un hermano.

No me digan que no se enamoran con el capullo de una rosa roja, ni que se sonrojan con el piropo de una persona agradada, y mucho menos cuando vinculan sus brazos como signo de lo humano.

Estupendo cuando bailamos al ritmo de una danza sublime, y asombroso cuando entonamos un canto deleitoso.

Pero basta una cosa para hacer todo portentoso, basta una cosa para empapar todo en el aliento, que no solo me asombre, y me emocione como el hombre que pierde con el tiempo sus embelesos, sino que también me transforme y desvista el alma y fulmine la presencia como el rayo que da existencia.

Alguien que me hace inocente, que nos hace inocentes, como el niño que ríe e ilumina sus ojos al contemplar los pechos de su madre; Del que se hace baluartes y hasta él mismo nace entre pañales.

No solo basta con abrir nuestros ojos a lo sorprendente de la vida, sino al creador que todo lo hace y culmina, para poder embobarnos con firmeza en la fuerza blanda y dulce de sus gestas que hace con júbilo y las presenta al mundo como misterios prodigiosos que nos desarman y embelesen de sosiego; Y quién mas que nos lleve a los atrios de aquel que ama y carece de limites, que nuestro hermano y amigo

Jesús, el más inocente.

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