sábado, 22 de abril de 2017

PUEBLITO MÍO

Obra de: Eric O. Zayas.


Pueblito mío, corazón
y cielo lindo,
andando tus calles veo
tus casitas destartaladas
pero con vergeles;
con sonrisas dentro y
caritas iluminadas.

¡Ay! me decía el abuelo:
Ay mijo tu casita, mi casita;
está vieja pero hay vida,
guardo un cofre con lucecitas,
y otro con ojitos míos,
fotitos, y sonrisas de Dios,
allí están mijo, nos sirven
pa’ momentos de hambre,
y pa’ enseñarte que Dios ayuda,
y ninguna vez abandona.

Por tus calles pueblito mío,
veo tu gente; sus rostros,
y sus sueños gritándole al polvo;
dejando huellas y migajas de corazón.
Veo niños atrapando arcoíris
en tiempos de lluvia, y abuelos
jugando siglo en el portal de su existencia.

Pueblito mío, corazón
y cielo lindo;
hay ríos que susurran soledad
por miedo a más muerte.

Hay rayos de sol que resecan
la esperanza, queman las cosechas,
y llantos de madre que paren lunas oscuras.

¡Ay mijo! me decía el abuelo,
este pueblo se queja en sus venas,
la tierra parece  no querer seguir
escuchando a sus hijos,
flacos de miedo, pálidos de hambre,
y hartos de solo viento.

Pueblito mío, corazón
y cielo lindo:
siembra semillas buenas mijo,
eso también me decía el abuelo,
así cambias el mundo;
las aves cantarán versos,
y serás tan solo tierra.

lunes, 20 de febrero de 2017

ARDIENDO EN ESPERANZA (DRAMATIZADO).




(Ilustración de Nerina Canzi).

Mi querida familia, saludos y bendiciones.
Espero que todos se encuentren bien, y los abrazo.
En esta ocasión, les dejo con una puesta en escena que hace ya dos años, realicé para una obra con niños.
Espero que les pueda interesar y ayudar.

ARDIENDO EN ESPERANZA
Puesta en escena por Fray Rodolfo de Jesús Chávez Mercado O.Carm.

Escenario (calles, ciudad de juegos mecánicos (simulación), panadería)

Narrador: Checho, era un niño que vivía con sus padres, era una familia pobre, y escasamente tenían con qué comer el día a día. Sonreían y jugaban en medio de las dificultades, pero desafortunadamente, también poco a poco iban quedando sin nada… pero nunca, llegaron a pensar que se las agotaba la esperanza. Siempre confiaban en Jesús.

Una vez, el padre, paseaba con su hijo, observaban los grandes juegos de atracción que el pueblo había traído por el periodo de esa semana, cuando de repente, el padre avanzaba, se hacía tarde para llegar a casa, pero Checho, distraído y soñando como un niño alegre, cuándo podría montar en esos grandes juegos, se retrasó y perdió de vista a su padre.

El padre lo buscaba, en cada rincón, llamó a su madre, pero a cada minuto se hacía más de noche. Buscaron por todo el centro de atracción, preguntaron a los visitantes por el niño, pero no lo encontraron, nunca dieron con él en ese lugar… Así lo buscaron por todos lados…

Niño abandonado (Checho): Papito, ¿dónde estás? (llora) No te encuentro. ¿Por qué me has abandonado? Papito, mamita, por favor, vengan rápido, me encuentro solo, tengo mucha hambre, tengo mucho frío. (Se agacha, titiritando de frío). Jesús, ayuda a mi papito. 

Niña mimada (entra cantando o tarareando): Ríe a carcajadas (hace mofas), Pobrecito, no tienes a nadie. Mírame, en cambio, yo, vivo con mis papitos, ellos me regalan todo, ropa, zapatos, muñecas, helados, todo lo que yo quiera… (Ríe irónicamente), No creo que tus papitos vengan por ti.

Niño abandonado: ¿Por qué te burlas de mí, si yo no te he hecho nada?

Niña mimada: Vuelve y ríe a carcajadas, en son de burlas. No me has hecho nada, pero es que me das lástima (ríe y se va meneando su cabellera).

Niño abandonado: Yo sé, yo sé que mis papitos me encontrarán. Papito, mamita, no creo que eso sea verdad, por favor, ¿dónde están? vengan por mí. Dios mío, te pido que por favor, no me hayan abandonado para siempre.

Narrador: Checho se preguntaba a menudo si su padre lo había abandonado porque ya no lo quería. Lo que no sabía, era que sus padres lo buscaban por todo el barrio, porque a pesar de ser una familia humilde, sencilla y sin muchos recursos, siempre ha existido el amor. La vida para ellos podía presentarles dificultades de toda índole, pero nunca les había arrebatado la ESPERANZA.

Niño abandonado: (se levanta fatigado) Tengo mucha hambre.

Narrador: Checho se levantó muy fatigado, el frío de la noche lo había golpeado fuertemente y sentía la sensación de desmayarse por el hambre, pero recordó que sus padres le han enseñado a ser fuerte, a pensar, en esos momentos, en todas las cosas bellas que han pasado juntos, a pesar de todo.

Aguantó hasta visibilizar en una esquina, una panadería. Se alegró y caminó tan rápido como podía para llegar hasta ese destino.

Quien atendía la panadería era una niña. Era una niña muy amorosa, y en todo el pueblo la reconocían no solo por los calientes panes y la dulzura de la panadería de su padre, sino también porque ella, era una niña muy encantadora.

Checho se acercó y como un niño alegre pero muerto del frío y del hambre, se saboreaba la boca estando frente a la panadería.

Clarita la panadera: Hola, ¿qué haces allí afuera? Te vas a congelar. Entra. ¿Tienes hambre?

Niño abandonado: Sí, mucha hambre.

Clarita la panadera: Y ¿por qué estás solo, dónde están tus padres?

Niño abandonado: No lo sé, llevo mucho tiempo buscando a mi papito. Solo recuerdo que me distraje viendo algunos juegos (se alegra al recordar) y después no lo vi más conmigo (se entristece).

Clarita la panadera: No te preocupes, mira, tengo unos panes bien calientes, apenas para saborearlos, y también tengo leche. Pobrecito, debes tener un hambre de rinoceronte.

¡Espera un momento y te los traeré! También tengo algunas cobijas para el frío. Espera.

Niño abandonado: Bueno… disculpa, ¿cómo te llamas?

Clarita la panadera: Clarita

Niño abandonado: Gracias Clarita (le sonríe) yo me llamo Sergio, pero mis padres me llaman Checho.

Narrador: Clarita se fue a traer el pan, la leche y las cobijas, su padre en esos momentos estaba de compra a las afueras del pueblo y su madre, en la sala cociendo algún vestido para su hermosa hija, que dentro de pocos días, cumpliría apenas sus 10 añitos.

Narrador: Al cabo de algunos minutos apareció clarita.

Clarita la panadera: Aquí estoy amigo, mira, te traje pan, leche y cobijas… Tranquilo, come y mientras, me hablas de tus padres.

Niño abandonado: Mi familia es muy pobre, mi padre perdió el trabajo y mi mami está muy enferma, pero somos muy felices porque nunca ha faltado el amor.

Clarita la panadera: Y entonces ¿por qué estás solo amigo? ¿Dónde está tu padre?

Niño abandonado: No lo sé, solo espero que me esté buscando.

Clarita la panadera: No te preocupes Checho, seguro te encontrarán. Confía siempre en Jesús. Hay que mantener siempre viva la Esperanza.

Niño abandonado: Mira, gracias, ya terminé. ¿Sabes? Eso siempre me lo dicen mis padres. Sobre la Esperanza. Ahora que pena, pero me tengo que ir.

Clarita la panadera: ¿Y adónde vas? Mira, yo te acompaño hasta la esquina y de allí me devuelvo. No quiero dejarte solo.

Niño abandonado: Gracias amiga.

Clarita (sonríe).

Narrador: Mientras van caminando aparece nuevamente la niña mimada.

Niña mimada: ¡Umm! ¿Otra vez tú, ya conseguiste a tu papi? Te dije que nunca lo encontrarías. Estás solo.

Clarita la panadera: No está solo, está conmigo y yo lo ayudaré a buscar a su padre.

Niña mimada: ¿Y quién eres tú?, apenas eres una niñita (irónicamente), no te dejarán salir a la calle.

Clarita la panadera: Tengo la corazonada que su padre está muy cerca, sí, eso es, pronto lo encontraremos y no tendremos que ir muy lejos (abrazó a Checho en señal de confianza).

Niña mimada: ¡Umm! ¿Y tú qué tienes para darle?, no tienes nada.

Clarita la panadera: Sí, mira que sí tengo, tengo panes, tengo jugo, tengo abrigo, y esto bastará.

Niña mimada: Bueno, espero que encuentres a tu papito, y ojala no sea muy lejos (ríe irónicamente)

Narrador: Algo muy bello estaba por suceder, la corazonada de Clarita estaba por hacerse realidad, y todo también porque el amor, la ayuda y la simpatía de Clarita, de esa niña maravillosa, confirmó la esperanza que Checho, nunca había perdido.

Papá: Hijo (sale corriendo a abrazarlo) hijo, hijo mío. Gracias Señor. 

Niño abandonado: Papá, papá (se alegra), viniste.

Papá: Hijo mío, te encontré, te hemos buscado como locos por todos lados. (Llora) y lo abraza.

Niño abandonado: Papito, papito, nunca me vuelvas a abandonar papito. ¿Y mi madre?

Papá: Ella me ayudó a buscarte hasta hace poco hijo, sabes que está muy enferma. Pero, nunca, nunca más hijo mío, nunca más, perdóname, perdóname tanto.

Niña mimada: Hola, amigo, perdóname, pensé que nunca lo encontrarías, en verdad solo soy así porque mis padres solo piensan que con el dinero se compra el amor.

Clarita la panadera: Tranquila amiga, somos tus amigos, y lograremos que tus papitos te quieran con todo el amor posible. Somos niños y los niños nunca perdemos la ESPERANZA.

Checho: Sí amiga, mira, he encontrado a mi padre y este amor, no se compra ni con todo el oro del mundo.

Todos se abrazan.









sábado, 26 de noviembre de 2016

OSADÍA




Profundidad

Solo existe, para mí,
 una forma de mirarte...
¡Sin reserva! ¡Con franqueza!

Y creo,
que con ello,
mantengo la osadía
de sentirme libre en este mundo,
obligado a cerrar los ojos
ante lo pasajero y lo sensible..

He de nacer de nuevo en  campos nuevos,
con anhelos
de crecer,
y de creer
que me esperas en tu cielo.

La osadía me obliga a ser mejor.
Siento que,
por mis venas,
debe correr el universo.

Pienso, que el rugir de los ríos,
por sentirse profundos,
reflejan
la profundidad de mis sueños.

Esto me obliga
a espantar el miedo,
a avanzar en la noche,
interrumpiendo suspiros
por mis errores
y caídas de momento.
La osadía me obliga a ser Yo mismo

y canto, para alcanzar mis sueños.

© Derechos Reservados

domingo, 11 de septiembre de 2016

ANÓNIMO (De Osadía).




Saludos y bendiciones querida familia, espero que se encuentren bien.
Ratos sin saludarlos, aquí les dejo este poema y un video editado por una gran amiga Laura Bonilla de Bogotá. Para ella y todos ustedes un fuerte abrazo. Espero que les guste. 


https://www.youtube.com/watch?v=IyF03OvIjyA

Anónimo


Ahora que tu silueta no figura entre las sombras.
se hace, para mí, más gris el cielo.

El viento  que solía viajar con  los recuerdos
marchitos, con recados de un pasado,
poco a poco quedaba sin historia.
Tus sueños quedaron
sepultados en olvido.
No se escribieron.
No fueron conocidos.
No reciben ni halagos ni suspiros.
.
La irracionalidad quedó atascada
de tal suerte,
que muchos de tus besos,
solo parecieron ser fingidos.
Ahora...  tu silueta solo  se dibuja
cuando las hojas  y las flores mueren,
o cuando mis párpados
sucumben al ensueño...
porque el recuerdo no quedó
del todo,
entre las cenizas de mi olvido.

Si el fuego quemó tenaz tus letras,
el viento no tuvo fuerzas para arrastrar
los recuerdo omitidos.

Ahora, solo queda restaurar
 los fragmentos de suspiros,
en papeles encorvados
por el peso de los años,
y buscar entre miles de migajas,
el significado que para mí, tenía tu nombre.



Derechos Reservados. 

viernes, 27 de mayo de 2016

HIJO DE PAPÁ Y MAMÁ




Ayer la canela derramó el chocolate.
Estaba frenética, amarga como la tía cabrales.
Yo la vi… a la tía, reventando contra las paredes
los enseres de la casa y maullando como los
gatos del vecino Alirio.
Deliraba creyendo que Josefino el hijo, había
desaparecido, que lo había raptado el comadrejo.
¿Dónde estará Josefino? Si hoy es su cumpleaños.
Le compré su saco preferido y sus zapatos para el frío.
¡Ay que me encuentre a ese comadrejo, lo dejaré sin pellejo!
Al cabo de un rato vi que apareció Josefino, sonriendo y diciendo:
qué bueno es este tipo.
Siempre, pero siempre me hace sentir que soy su hijo,

y la vaina es que mamá sigue insistiendo en que yo soy fortuito. 

sábado, 2 de abril de 2016

EGIPTO



Hoy escribo indispuesto
desde esta fétida madriguera;
entre lágrimas y orinas,
entre sangre y lamento.

Escribo por aquella gente que sufre,
por aquellos que callan.
Escribo desde paredes blancas
en una sala por donde pasea la muerte
de un hospital cualquiera.


Aquí se hace infértil la sonrisa
y se respira el miedo.
Escribo de urgencia,
en compañía de enfermos,
donde todos profesan,
ampáranos Padre nuestro.

Escribo desde paredes blancas
donde la diferencia es sola línea muerta,
y sin embargo,
lo digno queda entre sabanas sucias
y lo decente no corresponde a los miserables.


Ellos, los enfermos,
en esta sala siguen masticando el ajo
y consumiendo sus cebollas.
Aquí viven su exilio,
reviven el éxodo,
aquí Dios vuelve a escuchar a su pueblo;
pondera por liberarlo…
pero hasta que el hombre
no empiece a curar al hombre,

esto seguirá siendo nuestro peor Egipto.

De: Osadía.
Derechos Reservados.