lunes, 20 de febrero de 2017

ARDIENDO EN ESPERANZA (DRAMATIZADO).




(Ilustración de Nerina Canzi).

Mi querida familia, saludos y bendiciones.
Espero que todos se encuentren bien, y los abrazo.
En esta ocasión, les dejo con una puesta en escena que hace ya dos años, realicé para una obra con niños.
Espero que les pueda interesar y ayudar.

ARDIENDO EN ESPERANZA
Puesta en escena por Fray Rodolfo de Jesús Chávez Mercado O.Carm.

Escenario (calles, ciudad de juegos mecánicos (simulación), panadería)

Narrador: Checho, era un niño que vivía con sus padres, era una familia pobre, y escasamente tenían con qué comer el día a día. Sonreían y jugaban en medio de las dificultades, pero desafortunadamente, también poco a poco iban quedando sin nada… pero nunca, llegaron a pensar que se las agotaba la esperanza. Siempre confiaban en Jesús.

Una vez, el padre, paseaba con su hijo, observaban los grandes juegos de atracción que el pueblo había traído por el periodo de esa semana, cuando de repente, el padre avanzaba, se hacía tarde para llegar a casa, pero Checho, distraído y soñando como un niño alegre, cuándo podría montar en esos grandes juegos, se retrasó y perdió de vista a su padre.

El padre lo buscaba, en cada rincón, llamó a su madre, pero a cada minuto se hacía más de noche. Buscaron por todo el centro de atracción, preguntaron a los visitantes por el niño, pero no lo encontraron, nunca dieron con él en ese lugar… Así lo buscaron por todos lados…

Niño abandonado (Checho): Papito, ¿dónde estás? (llora) No te encuentro. ¿Por qué me has abandonado? Papito, mamita, por favor, vengan rápido, me encuentro solo, tengo mucha hambre, tengo mucho frío. (Se agacha, titiritando de frío). Jesús, ayuda a mi papito. 

Niña mimada (entra cantando o tarareando): Ríe a carcajadas (hace mofas), Pobrecito, no tienes a nadie. Mírame, en cambio, yo, vivo con mis papitos, ellos me regalan todo, ropa, zapatos, muñecas, helados, todo lo que yo quiera… (Ríe irónicamente), No creo que tus papitos vengan por ti.

Niño abandonado: ¿Por qué te burlas de mí, si yo no te he hecho nada?

Niña mimada: Vuelve y ríe a carcajadas, en son de burlas. No me has hecho nada, pero es que me das lástima (ríe y se va meneando su cabellera).

Niño abandonado: Yo sé, yo sé que mis papitos me encontrarán. Papito, mamita, no creo que eso sea verdad, por favor, ¿dónde están? vengan por mí. Dios mío, te pido que por favor, no me hayan abandonado para siempre.

Narrador: Checho se preguntaba a menudo si su padre lo había abandonado porque ya no lo quería. Lo que no sabía, era que sus padres lo buscaban por todo el barrio, porque a pesar de ser una familia humilde, sencilla y sin muchos recursos, siempre ha existido el amor. La vida para ellos podía presentarles dificultades de toda índole, pero nunca les había arrebatado la ESPERANZA.

Niño abandonado: (se levanta fatigado) Tengo mucha hambre.

Narrador: Checho se levantó muy fatigado, el frío de la noche lo había golpeado fuertemente y sentía la sensación de desmayarse por el hambre, pero recordó que sus padres le han enseñado a ser fuerte, a pensar, en esos momentos, en todas las cosas bellas que han pasado juntos, a pesar de todo.

Aguantó hasta visibilizar en una esquina, una panadería. Se alegró y caminó tan rápido como podía para llegar hasta ese destino.

Quien atendía la panadería era una niña. Era una niña muy amorosa, y en todo el pueblo la reconocían no solo por los calientes panes y la dulzura de la panadería de su padre, sino también porque ella, era una niña muy encantadora.

Checho se acercó y como un niño alegre pero muerto del frío y del hambre, se saboreaba la boca estando frente a la panadería.

Clarita la panadera: Hola, ¿qué haces allí afuera? Te vas a congelar. Entra. ¿Tienes hambre?

Niño abandonado: Sí, mucha hambre.

Clarita la panadera: Y ¿por qué estás solo, dónde están tus padres?

Niño abandonado: No lo sé, llevo mucho tiempo buscando a mi papito. Solo recuerdo que me distraje viendo algunos juegos (se alegra al recordar) y después no lo vi más conmigo (se entristece).

Clarita la panadera: No te preocupes, mira, tengo unos panes bien calientes, apenas para saborearlos, y también tengo leche. Pobrecito, debes tener un hambre de rinoceronte.

¡Espera un momento y te los traeré! También tengo algunas cobijas para el frío. Espera.

Niño abandonado: Bueno… disculpa, ¿cómo te llamas?

Clarita la panadera: Clarita

Niño abandonado: Gracias Clarita (le sonríe) yo me llamo Sergio, pero mis padres me llaman Checho.

Narrador: Clarita se fue a traer el pan, la leche y las cobijas, su padre en esos momentos estaba de compra a las afueras del pueblo y su madre, en la sala cociendo algún vestido para su hermosa hija, que dentro de pocos días, cumpliría apenas sus 10 añitos.

Narrador: Al cabo de algunos minutos apareció clarita.

Clarita la panadera: Aquí estoy amigo, mira, te traje pan, leche y cobijas… Tranquilo, come y mientras, me hablas de tus padres.

Niño abandonado: Mi familia es muy pobre, mi padre perdió el trabajo y mi mami está muy enferma, pero somos muy felices porque nunca ha faltado el amor.

Clarita la panadera: Y entonces ¿por qué estás solo amigo? ¿Dónde está tu padre?

Niño abandonado: No lo sé, solo espero que me esté buscando.

Clarita la panadera: No te preocupes Checho, seguro te encontrarán. Confía siempre en Jesús. Hay que mantener siempre viva la Esperanza.

Niño abandonado: Mira, gracias, ya terminé. ¿Sabes? Eso siempre me lo dicen mis padres. Sobre la Esperanza. Ahora que pena, pero me tengo que ir.

Clarita la panadera: ¿Y adónde vas? Mira, yo te acompaño hasta la esquina y de allí me devuelvo. No quiero dejarte solo.

Niño abandonado: Gracias amiga.

Clarita (sonríe).

Narrador: Mientras van caminando aparece nuevamente la niña mimada.

Niña mimada: ¡Umm! ¿Otra vez tú, ya conseguiste a tu papi? Te dije que nunca lo encontrarías. Estás solo.

Clarita la panadera: No está solo, está conmigo y yo lo ayudaré a buscar a su padre.

Niña mimada: ¿Y quién eres tú?, apenas eres una niñita (irónicamente), no te dejarán salir a la calle.

Clarita la panadera: Tengo la corazonada que su padre está muy cerca, sí, eso es, pronto lo encontraremos y no tendremos que ir muy lejos (abrazó a Checho en señal de confianza).

Niña mimada: ¡Umm! ¿Y tú qué tienes para darle?, no tienes nada.

Clarita la panadera: Sí, mira que sí tengo, tengo panes, tengo jugo, tengo abrigo, y esto bastará.

Niña mimada: Bueno, espero que encuentres a tu papito, y ojala no sea muy lejos (ríe irónicamente)

Narrador: Algo muy bello estaba por suceder, la corazonada de Clarita estaba por hacerse realidad, y todo también porque el amor, la ayuda y la simpatía de Clarita, de esa niña maravillosa, confirmó la esperanza que Checho, nunca había perdido.

Papá: Hijo (sale corriendo a abrazarlo) hijo, hijo mío. Gracias Señor. 

Niño abandonado: Papá, papá (se alegra), viniste.

Papá: Hijo mío, te encontré, te hemos buscado como locos por todos lados. (Llora) y lo abraza.

Niño abandonado: Papito, papito, nunca me vuelvas a abandonar papito. ¿Y mi madre?

Papá: Ella me ayudó a buscarte hasta hace poco hijo, sabes que está muy enferma. Pero, nunca, nunca más hijo mío, nunca más, perdóname, perdóname tanto.

Niña mimada: Hola, amigo, perdóname, pensé que nunca lo encontrarías, en verdad solo soy así porque mis padres solo piensan que con el dinero se compra el amor.

Clarita la panadera: Tranquila amiga, somos tus amigos, y lograremos que tus papitos te quieran con todo el amor posible. Somos niños y los niños nunca perdemos la ESPERANZA.

Checho: Sí amiga, mira, he encontrado a mi padre y este amor, no se compra ni con todo el oro del mundo.

Todos se abrazan.









1 comentario:

Sil dijo...

Bello bello bello. Nunca, jamás hay que perder la esperanza por más que la vida misma te diga que lo hagas